Nuevos desafíos para construir "Escuelas Libres de Violencias"


Durante el ciclo lectivo 2017, en el marco de un convenio de asistencia técnica con la Municipalidad de Florencio Varela (distrito ubicado en el segundo cordón del conurbano bonaerense), fuimos contratadas por la Fundación Convivencia Ciudadana como coordinadora pedagógica (Machi Alonso) y como coordinadora de articulación con la comunidad (Belén Mora) del Programa Escuelas libres de violencias. Este Programa se proponía acercar a las comunidades educativas y barriales, enfoques teóricos, estrategias metodológicas y materiales educativos para el tratamiento pedagógico de problemas, conflictos y manifestaciones de violencias que ocurren en las escuelas y en los barrios, con los propósitos más generales de construir intersectorialidad y de fortalecer una red multiagencial para el abordaje integral y construir comunidades educadoras libres de violencias.

Para alcanzar tales propósitos, el Programa Escuelas Libres de violencias puso a disposición de equipos directivos, docentes y de orientación actividades diseñadas con el objetivo de ofrecer a estudiantes de los niveles primario y secundario, oportunidades para el aprendizaje y desarrollo de habilidades sociales (“habilidades para la vida”), y para experimentar interacciones sociales orientadas al cuidado de uno/una mismo/misma y de los semejantes, base fundamental de la convivencia con resolución pacífica de conflictos.

Con la convicción de que, en una de sus múltiples dimensiones, la ciudadanía se define a partir del encuentro con las otras / los otros, y de las relaciones cotidianas que nos permiten convivir y construir futuro de manera conjunta, el Programa puso énfasis en la cuestión (poco reflexionada, en general, en los ámbitos escolares) de que para estar en capacidad para transformar las violencias en actitudes de cuidado de sí mismo y de los demás, cada persona tiene que haber tenido oportunidades para acceder a un conjunto de conocimientos, actitudes, motivaciones y prácticas que desarrollan el potencial para conocerse a sí mismo; desarrollar autoestima y autonomía responsable; conocer el contexto; imaginar su transformación y actuar con otros para transformarlo.

Dispuestos a afrontar el desafío de acompañar a comunidades educativas y comunidades barriales en situación de derechos vulnerados y que viven en contextos sociales y familiares atravesados por múltiples violencias (físicas y simbólicas), las propuestas de actividades estuvieron orientadas a desplegar y poner en acto una pedagogía para transformar la violencia. Una pedagogía que sostiene que, para alcanzar ese fin, las intervenciones de los adultos decididos a cuidar a niños, adolescentes y jóvenes tienen que estar orientadas hacia:

  • poner en práctica el diálogo (que es escucha)

  • construir autonomía y responsabilidad

  • comprender por qué (nos) pasa lo que (nos) pasa

  • facilitar la elaboración simbólica de las emociones violentas (la rabia, la ira, el miedo, el dolor)

  • promover la organización comunitaria.

En definitiva, un acompañamiento adulto que busca contribuir a generar sentidos que inviten a la construcción de adhesión a principios orientadores de la vida práctica que señalan el valor la vida propia y la de los semejantes, y que sí vale el esfuerzo del compromiso activo en la construcción de convivencia con resolución pacífica de conflictos para el bienestar comunitario.

#éticadelcuidado

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